Mientras recorremos las rutas de acceso a las grandes ciudades
La contaminación visual en vías de alto tránsito
Cada vez resulta menos grato recorrer las vías de acceso a las grandes ciudades. Y no es solo por la congestión de tránsito que prácticamente satura a toda hora las principales arterias de las mismas. Resulta lamentable tener que admitir que la descontrolada instalación de carteles ha transformado la zona en un caos visual. Una incesante instalación de desmesuradas estructuras se ha ido superponiendo, incluso avanzando perpendicularmente sobre las amplias avenidas como si se tratara de una competencia por reiterar una oferta o por el tamaño de la infraestructura publicitaria.
La contaminación visual es un tipo de contaminación que incluye todo lo que afecta o perturba la visualización de algún sitio, de la imagen y fisonomía del entorno mediante elementos “no arquitectónicos”. Estos pueden ser carteles, cables, chimeneas, antenas, postes y otros elementos, que no provocan contaminación de por sí, pero mediante la manipulación indiscriminada del hombre (orden, tamaño, distribución) se convierten en agentes contaminantes.
Este tipo de contaminación afecta a millones de personas diariamente y las expone a estímulos agresivos que las invaden y, contra los cuales no existe ningún filtro ni defensa. Estos estímulos contaminantes se generan por el abuso de ciertos elementos que alteran la estética, la imagen del paisaje (tanto rural como urbano), y que generan una sobreestimulación visual agresiva, invasiva y simultánea. Los carteles en las rutas suelen ocultar características del recorrido, como curvas y cruces, incrementando así la probabilidad de accidentes. Incluso los árboles, por más ecologista que se pretenda ser, en un mal planeamiento paisajista pueden obstaculizar la visión, sin contar además que a cartel puesto, árbol desaparecido.
Paradas de colectivos diseñadas con el exclusivo objetivo de contener publicidad, y no para su función específica, cabinas telefónicas, cercos de obras en construcción, frentes de estacionamientos, son algunos de los elementos a los que se echa mano para publicitar con una virulencia y velocidad nunca vista antes. Los anuncios tratan de ser cada vez más atractivos y se apela a efectos tales como diseño, color, luz, movimiento, tamaño.
Según un estudio, un automovilista se distrae entre 4 y 8 segundos al mirar un cartel y si le sumamos una velocidad de manejo de 120 Km/hr no es muy recomendable perder la concentración. Sumémosle a esto los trastornos que la contaminación visual produce en nuestra salud todos los días y a cada momento como stress, dolor de cabeza, distracciones peligrosas (especialmente al volante), además de disminución de la eficiencia laboral, mal humor, trastornos de agresividad y tendremos un resultado preocupante.
Llegado a este punto conviene decir que los responsables de la actual contaminación visual son por un lado las empresas auspiciantes que durante años han colocado "sin ton ni son" carteles publicitarios y por el otro los responsables de controlarlas que han permitido y permiten todo tipo de desmanes urbanísticos. El resto de los ciudadanos somos también cómplices de la contaminación visual que padecen las grandes ciudades, ya que con nuestro silencio y falta de espíritu crítico por el medio ambiente urbano que nos rodea hemos consentido llegar hasta la situación actual.
La contaminación visual nos afecta psíquicamente y hay que tomar conciencia del problema. Es de esperar, pues, que surjan proyectos que promuevan el estricto control de nuestro medio ambiente y protejan nuestra visual, con la sana intención de contribuir a una mejor calidad de vida.



